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martes, 9 de diciembre de 2014

Mi experiencia Trinity

Para quien no lo sepa, empezaré por comentar en qué consisten los exámenes de Trinity. Son exámenes oficiales de inglés solo y exclusivamente orales. La edad mínima para poder presentarse es siete y no hay edad máxima. Se componen de doce niveles. Por supuesto los niveles más bajos son muy sencillitos y los niveles superiores, según el examinador que te toque pueden ser incluso infernales. Para más información consultad esta página.

Estos dos últimos años me he encargado de preparar a alumnos de todos los niveles. Pues bien, durante este proceso me he encontrado con situaciones bastante complicadas de solucionar. En la academia tenía clases en las que los alumnos tenían más o menos la misma edad y hacían lo mismo. Sin embargo, en la preparación de estos exámenes me encontraba con situaciones peculiares.

Las clases de los alumnos más pequeños, entre siete y ocho años eran totalmente soporíferas. Durante hora y media los niños se dedicaban a repetir permanentemente un modelo de examen que mi jefa otorgaba para que aprobasen, dudo incluso que muchas veces importase si entendían o no el mensaje. Digo esto porque escapa a mi entendimiento que alguien pudiese suspender. Nos pasábamos la clase yendo a la ventana, a la puerta, señalando colores, cosas, etc., etc., uno por uno.

Los niveles intermedios eran los que mejor se llevaban. Los alumnos preparan un tema que desarrollar y el examinador le hace preguntas sencillas sobre su propio tema y uno o dos de los que entran en cada nivel; pueden ser viajes, compras, etc. Son más divertidas y menos aburridas porque dan pie a juegos orales, situacionales, comunicativos. Sinceramente veo este tipo de clases adaptables a todas las edades.

Pero a partir de aquí venían los problemas. Supuestamente cuanto mayor es una persona, mayor es el nivel. ¿Qué ocurre si esto es así? Me ha sucedido que personas de treinta años fuesen a niveles tan bajos que tenían que asistir a las clases intensivas con niños de ocho o nueve años. Sobra decir que las clases eran un suplicio para ellos. Deberían haber adaptado otro horario para estas personas y no meterlas en una jaula de grillos.

Me ha ocurrido todo lo contrario. Los temas sobre los que el examinador puede preguntar son, digamos, más abstractos según el nivel aumenta. Muchachos y muchachas que llevan toda la vida yendo a la academia tienen un nivel francamente alto. He tenido que hacer prácticas con adolescentes de once años para que pudiesen hablar de Designer goods o Stress management. Dependiendo de la edad, aunque se trate un mismo tema, las actividades no pueden ser las mismas porque no son igual de atractivas esas actividades para una persona de diez años que para una de cincuenta. Al estrés añadido de preparar y llevar a cabo sesiones de diez personas de diferentes edades para las cuales no sirven las mismas actividades aunque sean de un mismo tema, a preparar, explicar y realizar preguntas tipo para practicar para el examen, se añade explicar a una persona que no entiende ni va a entender Global enviromental issues que no sean el reciclaje y poco más. Por mucho que entiendan las palabras de las preguntas, no entenderán ni sus propias respuestas.

A pesar de que algún examinador intenta adaptar su examen a la edad, muchos no lo hacen y así he tenido que lidiar con un montón de adolescentes preguntándome por qué Personal and values tienen o cómo funciona The world of work. Cosas que incluso a nosotros nos resultan abstractas. Lo bonito de esta experiencia es que siempre hay alguien que te sorprende.



martes, 2 de diciembre de 2014

In session

Esta sesión ha sido bastante productiva al tocar los temidos temas de las programaciones y las oposiciones. 

Hasta ahora habíamos visto muy por encima las programaciones en general y las unidades didácticas en particular. La verdad es que aun hay cosas que no me han quedado claras, pero el camino se hace al andar. 

Si bien he entendido todo tiene o debería tener una programación, desde el ámbito más amplio al más concreto. Personalmente estoy de acuerdo en que todo debería estar planeado y no dejar nada al azar porque después pasa lo que pasa. Todos hemos tenido profesores que se saltaban la programación, que improvisaban, y en todos estos casos ha salido algo mal. Otros hacían lo mismo año tras otro, año tras otro. Esto tenía su parte buena, los repetidores eran los reyes del mambo porque ya estaban sobre aviso y sabían lo que iba a pasa; así tenían más posibilidades de aprobar.

Muchos docentes han caído en el hastío de su puesto permanente. No se renuevan, no inventan, no se forman, no se reforman. Sin embargo, no hace mucho, un profesor me dijo algo (riendo) que me desanimó bastante:"Todos los nuevos entran con muchas ganas, pero al cabo de unos años se dan cuenta de que los esfuerzos son en vano y se acomodan como todos". ¿Es eso verdad? ¿Tanto mina a uno el ejercicio de la docencia? En mi opinión su rendición no viene dada por los alumnos, no han luchado en esta guerra constante, pero, allá llegaremos y lo veremos.



Está claro que cuando entras en un centro como sustituto o sustituta la programación ya viene dada, ya que no da tiempo a crear una cuando te avisan con tan poca antelación. Sin embargo, creo que es privar al profesor de la parte más divertida de la docencia, programarlo todo y tenerlo todo claro a la manera de uno, con la propia creatividad de cada persona. 

Pero para poder aspirar a esto, antes debemos pasar unas oposiciones. Unos exámenes que nos habiliten para la docencia permanente. Esos exámenes que todos aquellos profesores aburridos y sin garbo han aprobado. Claro que eran otros tiempos, pero pensar en ellos me da esperanzas, me hace pensar que no puede ser tan difícil. Sin embargo, esta expectativa se me presenta como un proceso arduo y aburrido para mí, y un negocio para muchos otros. Creo que lo divertido viene después.

¿Preparados para el cambio?

Esta semana he reflexionado sobre lo complicado que puede ser el cambio en este sistema. Si bien es cierto que el trabajo en equipo es muy importante, en mi corta experiencia he visto que no es tan fácil de aplicar. No hace mucho inventé un ejercicio en el que dividiría a mi clase en dos grupos. Pondré en antecedentes a los lectores. Es una clase de seis alumnos, dos de ellos son solamente de refuerzo, hacen deberes y practican para los exámenes exclusivamente por petición de los padres. Los otros dos si tienen deberes los hacen, si tienen examen practican y si no lo que yo les diga. Y, por último, las otras dos nunca tienen deberes ni examen, hacen otras actividades. Por lo tanto, para una sola clase necesito programar tres, o cuatro por si acaso, ya que son de tres cursos diferentes.
Llegaron mis alumnos y les expliqué una suerte de búsqueda del tesoro. Yo les di un objetivo y tenían que llegar a ese objetivo por diferentes medios. Para ello les dejé unas fichas para que fuesen recopilando datos del proceso hacia el fin, con preguntas que tenían que responder para yo saber que habían pasado por todos los procesos y un ordenador a cada grupo. 

Tan solo empezar los dividí en grupos que yo consideré iguales. Es decir, puse a los dos más avanzados en grupos diferentes con los dos menos avanzados. Los dos que quedan tenían deberes. Este hecho ya suscitó una gran controversia, para ser clara, una de las chicas se me puso a gritar literalmente porque no quería ir con el que la puse, quería ir con su amiga, realmente me grito mucho podréis imaginar my poker face. Cuando se dio cuenta de que yo no iba a dar mi brazo a torcer, poco a poco se calmó y cogió mi ordenador con un golpe (me dieron ganas de matarla, pero también yo me calmé). 

Por mucho que expliqué que tenían que hacerlo en común, yo creo que no lo entendieron. Hubo dos casos, uno por cada grupo: en uno de ellos la compañera no dejaba de quejarse para que la esperara, que iba muy rápido y a ella no le daba tiempo; en el otro, escuchaba yo reiteradamente: "pero, ¡no me copies!" Yo volvía a decir que el trabajo era en equipo, tenían que ir los dos integrantes del grupo a la vez y nadie copiaba a nadie porque los dos estaban en el mismo barco. Lo hice cinco veces (o seis) en una hora, mientras atendía, corregía y explicaba los deberes a los restantes. Aun así, de repente, una de ellas exclama: "Acabé". Toda orgullosa me enseña su resultado y veo que el compañero coge el ordenador y sigue buscando. Se había quedado atrás hacía un buen rato, pero por vergüenza y aburrimiento ya no había dicho nada. En el otro equipo, en ningún caso tenían las mismas respuestas a las incógnitas. Creo que en ese momento empecé a sudar. Juro que no daba crédito.

He de decir que es la primera vez que me pasa tal cosa, he dado clase en otros sitios y nunca he tenido eses problemas. Ha habido grupos de quince adolescentes que me han dado menos trabajo que estos seis.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

So predictable

Es una pena que el ser humano sea tan predecible. A pesar de nuestras capacidades tenemos que rendirnos a la biología. Hay una etapa para todo, y si esa etapa pasa sin haber reforzado ciertos aspectos del aprendizaje de lenguas, después es más complicado conseguir los objetivos.

El aprendizaje de lenguas es un proceso complicado e interesante. Chomsky se preguntaba cómo a partir de recursos limitados de la lengua podemos llegar a utilizar recursos ilimitados. Chomsky creía que nuestra genética está programada para la lengua. Si bien no es totalmente cierto, parte de razón tenía. El ser humano empieza a escuchar lo que será su lengua o lenguas antes de nacer. Posteriormente aprende escuchando, induce las normas lingüísticas sin darse cuenta de ello y así es como se deberían aprender todas las lenguas, incluidas las extranjeras. Posteriormente estudia las normas, pero cuando ya ha aprendido a utilizarlas, de esta manera es más fácil, porque sabe aplicarlas y extraer ejemplos. La tendencia en lenguas extranjeras es estudiar la norma y aprender a aplicarla posteriormente. Se ha demostrado que siguiendo este proceso, los resultados han sido desastrosos; entonces, ¿por qué no cambiar el método?

Ya antes de nacer comenzamos a construir y a llenar nuestro bucle fonológico. Tristemente, después de un año de nacer cerramos esta caja. La parte positiva es que todo fonema que hemos escuchado reiteradamente queda almacenado. Ya está formado nuestro registro fonológico.

Durante los próximos años nuestro nivel de abstracción nos permite aprender sobre todo vocabulario que podamos relacionar con algo real. Los conceptos abstractos no los entenderemos. Así un niño puede saber lo que es un amigo, pero desconoce el concepto de amistad. En esta etapa todavía podemos aprender mucho de la fonética de una lengua extranjera ya que nuestros órganos son mucho más flexibles y nos es más fácil asimilar los modos de articulación. Así, desde el año hasta que tenemos seis es muy importante reforzar la fonología y el léxico. Todas estas ventajas tienen también su contra. Un niño aprende fácilmente, pero así como lo aprende también lo olvida. 

Tuve una alumna de dos años y medio. Aprendía las palabras con una facilidad asombrosa, sin embargo cuando llegaba la siguiente clase, ya se había olvidado. Por ejemplo, si se aprendía una canción sobre los colores, en esa clase reconocía todos los colores de la canción. En la siguiente clase ya no se acordaba de nada, solo de la música, cantaba la canción inventándose las palabras. La clase siguiente se acordaba de la canción pero no relacionaba los colores de la canción con el correspondiente en la realidad. Finalmente, cuando se aprendía la canción había pasado un mes, no dedicado exclusivamente a ella obviamente, y aun así no relacionaba los colores que le parecían más complicados. Eso sí, en cuanto se lo recordabas lo cogía al vuelo inmediatamente, y no lo olvidaba, hasta la siguiente clase, claro.

Hasta aquí la etapa gloriosa, a partir de los siete años nos volvemos más analíticos, comenzamos a aprender la gramática y a organizar el vocabulario. 

A los diez años más o menos parece que nos volvemos viejos, perdemos muchas capacidades, como la de imitación o la plasticidad motora, esto quiere decir que ya no tenemos esa facilidad de aprender a pronunciar una lengua extranjera como en etapas anteriores. En esta etapa se empieza también a traducir; empezamos a notar una necesidad de saber qué significa todo en nuestra lengua, convirtiéndose en un filtro. A esta etapa se le llama el umbral fatídico, no podría haber nombre más apropiado.

No es de extrañar pues que se haya llevado a cabo durante tantos años el método gramática-traducción, a pesar de que sea soporífero, tenemos la necesidad de entender la norma y saber que significa. Pondré un ejemplo: la semana pasada, con mis alumnos de once años, aprendimos las comidas, precisamente para evitar traducir, cada comida iba acompañada de su correspondiente dibujo. Aun así dos de ellos me preguntaros: How do you say... in Spanish?

Esto es un craso error ya que mismo en nuestra propia lengua materna estamos en continuo aprendizaje. Si leemos un libro puede que en un párrafo no entendamos una o varias palabras, pero las sacamos por el contexto y, si las vemos reiteradamente, las interiorizamos. En este caso no nos preguntamos qué significa en otra lengua porque no tenemos referente. Cuando somos niños no entendemos todo lo que dicen nuestros padres, pero entendemos la idea general, y así los metemos en berenjenales tales como decir un secreto en voz alta aunque no entendemos que estamos haciendo algo mal. 

A partir de los once años nos encontramos, pues, ya en nuestra etapa adulta, en cuanto a lo que aprendizaje de lenguas se refiere. En esta etapa las reglas gramaticales y el entenderlo todo se nos hace necesario, y sufrimos bloqueo cognitivo. Sin embargo, aparece el concepto de necesidad, sentimos que necesitamos aprender una lengua extranjera, por lo que puede ser un componente motivacional intrínseco importante, y, como profesores, debemos aprovecharnos de esto.





viernes, 21 de noviembre de 2014

Tengo una debilidad

Los bebés, y los adoro por eso mismo, porque son bebés y no hablan. De todas maneras, diversos estudios muestran que los bebés son más listos de lo que parece. Mi abuela solía decir: " Ós tres días nados, collen vicios para todo o ano"; vicios no sé, pero la aguja de marear desde luego. Por lo tanto, en un principio parece que un bebé no sabe hacer nada, sin embargo es un ser en constante aprendizaje. 

Como madre contaré mi experiencia hasta ahora, que no es mucha. Cuando mi bebé nació no hacía más que llorar (literalmente), era su forma de comunicarse, así me decía que quería comer, dormir, beber, que estaba incómoda y un largo etcétera, por supuesto se suponía que yo tenía que adivinar lo que le pasaba en cada momento, era como una suerte de juego desesperante. Poco a poco uno se va dando cuenta de que llora de diferente manera según lo que le ocurra, por lo tanto, no hablan, pero se comunican de diferente manera según sus necesidades.

Parece que no ha pasado mucho tiempo, sin embargo, en estos tres meses y medio mi hija ha aprendido a balbucear. Hace sonidos con los que a todos se les cae la baba. Científicamente hablando los bebés balbucean porque empiezan a probar diferentes sonidos y articulaciones, incluso por imitación, quiero decir, si dices "o", ella intenta poner la boca de la misma manera. Antes del año de vida son capaces de diferenciar muchos más sonidos que nosotros, por lo que un bebé español es capaz de pronunciar sonidos que no existen en lo que será su lengua inicial, pero si en el japonés, por ejemplo. Lo que ocurre posteriormente es que se acostumbran a escuchar los fonemas que su entorno articula y desechan los demás, esto ocurre al año de edad más o menos.

Es maravilloso ver cómo un ser humano evoluciona y aprende nuevas acciones día tras día. Y ya que Carlos no me va a dar un Badge, me lo doy yo a mi misma.


lunes, 17 de noviembre de 2014

Galego-portugués

Sabemos que hay diferentes opiniones sobre lo que es la misma lengua con distintos dialectos o diferentes lenguas. 

Hemos visto que, por ejemplo, en Suiza y en Alemania se hablan idiomas totalmente distintos pero se les considera la misma lengua, supongo que pensarán que son dialectos diferentes aunque no se parecen en nada, distan tanto como del holandés. 

Hay más ejemplos sobre este peculiar fenómeno. En los países musulmanes todos dicen que hablan árabe, sin embargo hay un abismo entre el árabe de los diferentes países. Bien es cierto que poseen un árabe estándar, por así llamarlo, el árabe de la literatura, que, hablando por experiencia, casi nadie habla, pueden intentarlo, lo dan en el colegio, pero a mucha gente le cuesta hablarlo. En el mundo occidental, sin embargo, se piensa que todos hablan el mismo idioma. La misma situación ocurre con el chino, entre otros.


Después está el curioso caso del gallego y el portugués. Hay palabras diferentes, hay estructuras gramaticales diferentes, pero es cierto que los gallegos y los portugueses y brasileños se pueden comunicar casi perfectamente usando sus propias lenguas. Entonces, ¿por qué las consideramos lenguas diferentes? La razón no creo que vaya más allá de la política, de un conflicto político. He conocido gente que ha estudiado el gallego como un dialecto del portugués, incluso he escuchado a un portugués explicando a dos españoles que el gallego es una lengua inventada a partir del portugués, he conocido estudiosos de la lengua gallega que defienden que el portugués es dialecto del gallego, ¿qué hacemos pues? Cada uno va a defender lo suyo, a esto se le llama comúnmente orgullo. ¿Es el gallego- portugués una solución? Personalmente, en las asignaturas que he estudiado y en las que me han obligado a traducir textos al gallego- portugués he visto que tiene y no tiene que ver con el gallego y con el portugués. Por lo tanto he llegado a la conclusión de que no hay una solución ideal, así que adoptaré una posición pasiva y diré que será mejor dejar las cosas como están.

Primeras impresiones


En esta primera sesión se trataron las nomenclaturas de las diferentes lenguas de los que uno/a puede hacer uso: lengua primera, segunda, extranjera, ambiental... Pues bien, una de las cosas que me llamó la atención fue la defensa o ataque de los términos lengua maternal vs lengua inicial. En mi humilde opinión, no creo que deba haber un conflicto entre ambos. Según he entendido, lengua inicial surge en oposición a lengua maternal ya que no siempre es la madre la que enseña una lengua. Personalmente creo que eso es totalmente cierto, pero no creo que la cuestión sea cambiar de nomenclatura sino cambiar el enfoque de la que ya hay. Por supuesto mi visión es muy filosófica y abierta a cualquier crítica, no espero que todo el mundo esté de acuerdo. Lanzo pues mi reflexión, ¿no podríamos interpretar lengua materna no como algo que enseña una madre exclusivamente sino como la lengua que da vida, ya que es la primera que hablamos y que nos permite comunicarnos con los demás? Después de ella vienen las demás, si hay suerte.

Tampoco creo que pueda haber un conflicto entre si hay una sola lengua materna o puede haber más. Llama la atención, por lo tanto, que la interpretación habitual del bilingüismo sea el dominio perfecto de dos lenguas. Como bien se dijo en clase, muchas veces una persona en situación de bilingüismo no siempre tiene porque tener la misma competencia en todos los ámbitos. Vendrán más bien acompañadas de la lengua habitual de cada circunstancia. Así es común, por ejemplo, que gente que no sabe inglés recurra a ese idioma si está acostumbrada a leer e investigar sobre ciertas áreas en esa langua. Y digo inglés porque estoy pensando principalmente en el área de telecomunicaciones, en la que la mayor parte de la información está en inglés. Bien es cierto que esto no hace a alguien bilingüe, pero si estos casos ocurren con lenguas totalmente desconocidas, ¿cómo no ha de pasar cuando se tiene la capacidad de hablar dos?

Llama también la atención que las instituciones quieran desligar a los hablantes con nivel C2 de una lengua de los hablantes nativos, es decir, dicen que tienen nivel C2, pero que eso no es nivel nativo, este nivel está por encima y no puede ser alcanzado por un hablante no nativo, cuando, como se ha comentado en clase, hay extranjeros que hablan mejor español que gente nacida y criada en España.