Para quien no lo sepa, empezaré por comentar en qué consisten los exámenes de Trinity. Son exámenes oficiales de inglés solo y exclusivamente orales. La edad mínima para poder presentarse es siete y no hay edad máxima. Se componen de doce niveles. Por supuesto los niveles más bajos son muy sencillitos y los niveles superiores, según el examinador que te toque pueden ser incluso infernales. Para más información consultad esta página.
Estos dos últimos años me he encargado de preparar a alumnos de todos los niveles. Pues bien, durante este proceso me he encontrado con situaciones bastante complicadas de solucionar. En la academia tenía clases en las que los alumnos tenían más o menos la misma edad y hacían lo mismo. Sin embargo, en la preparación de estos exámenes me encontraba con situaciones peculiares.
Las clases de los alumnos más pequeños, entre siete y ocho años eran totalmente soporíferas. Durante hora y media los niños se dedicaban a repetir permanentemente un modelo de examen que mi jefa otorgaba para que aprobasen, dudo incluso que muchas veces importase si entendían o no el mensaje. Digo esto porque escapa a mi entendimiento que alguien pudiese suspender. Nos pasábamos la clase yendo a la ventana, a la puerta, señalando colores, cosas, etc., etc., uno por uno.
Los niveles intermedios eran los que mejor se llevaban. Los alumnos preparan un tema que desarrollar y el examinador le hace preguntas sencillas sobre su propio tema y uno o dos de los que entran en cada nivel; pueden ser viajes, compras, etc. Son más divertidas y menos aburridas porque dan pie a juegos orales, situacionales, comunicativos. Sinceramente veo este tipo de clases adaptables a todas las edades.
Pero a partir de aquí venían los problemas. Supuestamente cuanto mayor es una persona, mayor es el nivel. ¿Qué ocurre si esto es así? Me ha sucedido que personas de treinta años fuesen a niveles tan bajos que tenían que asistir a las clases intensivas con niños de ocho o nueve años. Sobra decir que las clases eran un suplicio para ellos. Deberían haber adaptado otro horario para estas personas y no meterlas en una jaula de grillos.
Me ha ocurrido todo lo contrario. Los temas sobre los que el examinador puede preguntar son, digamos, más abstractos según el nivel aumenta. Muchachos y muchachas que llevan toda la vida yendo a la academia tienen un nivel francamente alto. He tenido que hacer prácticas con adolescentes de once años para que pudiesen hablar de Designer goods o Stress management. Dependiendo de la edad, aunque se trate un mismo tema, las actividades no pueden ser las mismas porque no son igual de atractivas esas actividades para una persona de diez años que para una de cincuenta. Al estrés añadido de preparar y llevar a cabo sesiones de diez personas de diferentes edades para las cuales no sirven las mismas actividades aunque sean de un mismo tema, a preparar, explicar y realizar preguntas tipo para practicar para el examen, se añade explicar a una persona que no entiende ni va a entender Global enviromental issues que no sean el reciclaje y poco más. Por mucho que entiendan las palabras de las preguntas, no entenderán ni sus propias respuestas.
A pesar de que algún examinador intenta adaptar su examen a la edad, muchos no lo hacen y así he tenido que lidiar con un montón de adolescentes preguntándome por qué Personal and values tienen o cómo funciona The world of work. Cosas que incluso a nosotros nos resultan abstractas. Lo bonito de esta experiencia es que siempre hay alguien que te sorprende.



